viernes, 9 de noviembre de 2018

Un apellido muy común


Tener un trabajo no tiene nada de malo, no tiene nada de malo llevar una rutina. Sí, hay quienes tienen un trabajo diferente pues son emprendedores o independientes. Pero vamos, el tener un trabajo “estable” no es tan malo después de todo. Ser oficinista, bueno, muchos lo son. No tiene nada de malo. Pero ¿sabes lo que sí es malo? Ser Godínez. Eso vaya que es algo muy malo.

No tiene nada de malo trabajar en una oficina como empleado o servidor público, amigo, te estás ganando la vida y si te gusta tu trabajo, eres una persona muy afortunada, no tiene nada de malo.

Lo que sí tiene mucho de malo es:

  1. Vivir al día.
  2. Ir a beber cada 15 días porque es cuando tienes dinero. Lo mismo sucede en saturar las filas de cajeros automáticos, supermercados y demás establecimientos donde signifique pagar, para que en 7 días vuelvas a estar en la quiebra esperando el día de paga para volver a sufrir.
  3. Estar avisando a tus amigos que ya cayó el depósito de la nómina.
  4. Esperar con ansias el aguinaldo para pagar deudas y comprar más cosas para volverte a endeudar.
  5. Responder mensajes de texto desde tu celular en las noches y fines de semana sobre asuntos del trabajo. Amigo, trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar.
  6. Tener grupos de WhatsApp de tus compañeros solo porque sí, porque son compañeros.
  7. Que tus compañeros de trabajo sean tus amigos o sean los cercanos, como si no tuvieras una vida más allá del trabajo. O peor aún, conseguir pareja dentro del trabajo.
  8. Hacer fiestas dentro del trabajo por cumpleaños decorando el lugar de trabajo con globos, carteles, confeti y comiendo pastel cantando Las Mañanitas de manea muy forzada.
  9. Pedir cooperaciones para los festejos antes mencionados.
  10. Hacer chismes en tu zona de trabajo.
  11. Llegar corriendo por la prisa y el miedo a perder el bono de puntualidad.
  12. Llevar una dieta horrible, empezando por comer de manera frecuente tamales en torta y café con una cantidad enorme de azúcar ¿es necesario el café con azúcar? ¡Claro que no! Asimismo, desemboca en una patética dependencia al café.
  13. No tener otra actividad más que el trabajo: dejar de estudiar, hacer algún deporte u otra actividad complementaria.
  14. Pedir créditos bancarios que solamente te van a llevar a la ruina.
  15. Que tus pláticas en un bar o reunión sean el nuevo catálogo de Tupperware, tus otras reuniones y fiestas Godínez, chismes de oficina o asuntos del trabajo. ¡Mierda! Sales del trabajo que tanto odias y buscas algo diferente, pasarla bien, burlarte del otro y reír ¿y te la pasas hablando del trabajo?
  16. Comer en tu lugar de trabajo, y me refiero principalmente a comida olorosa, ruidosa, grasosa, botanas y cosas insalubres.
  17. Poner música desagradable a alto volumen. Al menos en mi experiencia, los Godínez que conozco comparten ese gusto por la banda y el reguetón, música que suelen poner a alto volumen. Básicamente esta característica o comportamiento y algunas de las anteriores son típicas de una vecindad con personas molestas.
  18. Esperar la hora de la salida con ansias porque odias tu trabajo, pero lo necesitas. Bueno, si lo odias, tampoco es tan grave, pero ¿vivir solamente para el trabajo? Amigo, consíguete otra actividad que te haga sentirte lejos de ese lugar.
  19. Creer que el ser Godínez es un estilo único de vida y sentirte identificado con él. Para mí esta es la peor y la más mediocre de todas.

Si lo piensas un poco, teniendo un trabajo así, es posible que caigas en 1 o 2 de manera frecuente, y tampoco es malo. Lo verdaderamente malo es repetir ese ciclo, como si de verdad fuera un placer vivir ese tormento. Eso es lo verdaderamente mediocre, estar consciente de ello y no hacer algo al respecto.

viernes, 26 de octubre de 2018

Situación mortal desconocida

6 de octubre, era el día, había esperado muchos meses para poder ver en vivo, nuevamente, a una de mis bandas favoritas de toda mi vida. Los conocí en 2016 en un festival cuando esperábamos a que tocara Richard Ashcroft, y sin duda fue una explosión musical la que viví, me volví loco con su música. Tocaron poderosamente. Al día siguiente ya era su fan, escuché todos sus discos. Me refiero a Unknown Mortal Orchestra.

Bueno, ese día se presentarían en un festival llamado Hipnosis que se iba a llevar a cabo en el Campo Deportivo del Estado Mayor Presidencial, pero por alguna rara circunstancia, se trasladó el evento al campo del restaurante Las Caballerizas ubicado en la colonia Dos ríos, Huixquilucan, Estado de México. Ante esa situación, los organizadores habilitaron transporte gratuito con previo registro con lineamientos muy estrictos, por ejemplo, se habilitaron 2 lugares de salida, el autocinema Coyote de Polanco y Barranca del muerto, y si el registro era en Polanco, de vuelta debía tomar necesariamente el transporte al mismo destino.

Ese día desperté ansioso, caminé hasta el autocinema y tomé el camión. El tiempo estimado era de 1 hora y media, sin embargo, debido a que los choferes no sabían cómo llegar a Dos Ríos, terminamos haciendo 3 horas de viaje. Fue muy pesado y patético ver cómo la gente buscaba en sus celulares mediante Google Maps la ruta. Estúpidos, decía yo, siempre necesitando de la tecnología. Yo me limitaba a disfrutar del viaje. Ya conocía Huixquilucan de un poco de tiempo atrás. No fui muchas veces, pero aprendí a ubicarme en la medida de lo posible.

Llegamos como a las 5 y el lugar estaba lleno de lodo, pero del que parecen arenas movedizas. Honestamente empecé a saber que sería un concierto difícil, pues iba solo, no conocía las demás bandas, hacía frío, estaba lejos de casa, el lugar era pequeño, había solamente un escenario, lodo, pronóstico de lluvia y hamburguesas veganas. El horror.

Consumí comida y bebida para empezar a sentirme mejor, y sí, mucho mejor, la cerveza no era mala del todo. Sí sabía bien, no me habían timado como en otros festivales con sus bebidas rebajadas y con un sabores asquerosos.

La música se escuchaba bien y entré en comodidad, me sentaba de repente, quería acostarme, pero la verdad no quería lodo en mi espalda. Yo veía cómo la gente consumía drogas como en Woodstock, libre, sin preocupación y con sus amigos alrededor. Yo sólo quería ver a mi banda, estaba concentrando toda mi atención, energía y tolerancia en mi banda, que entraría a las 11:15 p.m.

Iba y venía buscando refugio por la lluvia sin tener mayor éxito y a la vez tomaba fotos con mi celular de los árboles iluminados, me gustan los árboles, son bonitos los árboles. Sí. Árboles. En un carpa estaba yo solo esperando a que pasara la lluvia y fue cuando entonces todo empezó a cambiar de rumbo. Muchas veces cometemos errores de manera ingenua, actuamos esperando lo mejor de las personas pero terminamos siendo pendejos.
 
Una persona me saludó, Eduardo, habitante de la Condesa, 43 años con apariencia de 27-29 años, alto, delgado y muy activo.

Lo conocí y naturalmente me preguntó mi nombre, con quién venía, a quién iba a ver, hablamos sobre ese ímpetu que nos da una banda al grado de venir inclusive solos pues lo importante es lo que provoca la banda. No parecía mala persona.

Me presentó con sus amigos, Gabriel, de Cuautitlán Izcallli, y Abraham de la Ciudad.

Eduardo me compraba cerveza, de hecho creo fue 1, más la que yo había comprado. Pero recuerdo que en un momento me sirvió el restante de su cerveza en mi vaso. Y posteriormente me empecé a sentir más ebrio de lo normal.

Mi banda entró y entré en emoción, sin duda fue un gran concierto, estaba al borde de la emoción, y sin duda así era tal cual YO quería estar desde que compré mis boletos, porque esa banda me provoca muchas cosas. Uno de los mejores momentos fue cuando Ruban Nielson se encontraba cantando en la carpa donde estaba la consola, esa carpa estaba justamente detrás de mí y solamente pude darle unas palmadas a Ruban, fui tan feliz, para mí, lo abracé. Felicidad en su máximo esplendor. Creí que abrirían con las canciones de su nuevo disco, pero no, abrieron con las primeras, y tocaron muchas canciones más, disfruté muchísimo cada canción. TODAS me las sabía o las conocía.

En algún momento del concierto, al sentirme muy extraño, vi que el público no se emocionaba como yo, yo en los conciertos grito, canto, salto, me muevo mucho y así la disfruto yo, pero la gente no hacía nada, como si estuvieran en un museo, parados sin hacer nada. Yo quería acción y Eduardo con sus amigos no hacían nada, ni siquiera se aglutinaban, no se hacía la multitud. Así que decidí separarme de él para adentrarme más y más hasta sentirme en la multitud. Me había escapado de Eduardo, pero yo ya estaba en un estado un poco inconveniente.

Posteriormente, ese recuerdo ya no lo tengo muy presente, también durante el concierto, creo que algo se me había caído al suelo, no sé qué, pero al intentar recogerlo, no medí bien la posición del suelo y mi mano chocó con él de tal forma que me lesioné mi dedo, pero lo ignoré totalmente pues mi mente estaba concentrada en la música. Fue un golpe que me provocó una esguince en mi pulgar derecho.

Apenas terminó de tocar la banda y comencé mi retirada, comenzaba mi aventura de cada concierto: La incógnita de saber cómo llegar a casa.

Caminé a una velocidad apresurada entre tanto lodo en estado cada vez más inconveniente ¿era posible que una o dos cervezas pudieran tener este efecto en mí? Era raro. Subí al camión sucio hasta la médula y me senté en un lugar en el que sabía que si tenía que vomitar sería en un lugar seguro sin que la gente tuviera que caminar encima, pues la verdad siempre procuro ser lo más decente y respetuoso con la gente a mi alrededor posible aunque esté en dichas condiciones.

El camión avanzó y me perdí en un sueño profundo, pero no duró mucho puesto que en la carretera, debido a la vaivenes sentí un mareo impresionante que me hizo vomitar 2 veces, ya estaba muy sucio y devastado. Un absoluto estado de vulnerabilidad.

Volví a dormir y me despertaron de nuevo, era el chofer, me dijo que ya habíamos llegado y le pregunté en dónde estábamos porque literalmente me encontraba totalmente desorientado. Me dijo que era el autocinema coyote de barranca, pero no entendí, el ejercicio de pensar era muy complicado, busqué la forma de disculparme por mi acción al vomitar e intenté darle lo poco de dinero que traía, no me los recibió y aceptó mis disculpas. Salí del camión en un completo estado de desorientación. Jamás me había sentido tan desorientado, no sabía absolutamente nada de mi ubicación, ni siquiera sabía dónde se encontraba el norte. De haberlo sabido yo habría caminado al poniente, pero no, después de caer en la desesperación por averiguar que me habían drogado, de tener mi dedo sumamente lesionado y por mi incapacidad de no saber dónde estaba, destruí mi celular en un acto de total locura y crisis. Yo sé que fue un error, quienes me conocen saben de mi temperamento que he tratado de manejar y esa práctica ya la he realizado con anterioridad, pero en un estado más sano sin duda yo no lo habría hecho pues mi seguridad estaba en juego, pero estaba en una condición totalmente inestable, esa cosa sacó lo peor de mí. Me habían drogado.

En ese momento la calle la recuerdo larga, bonita, como las de Ciudad Satélite y creo que había gente a mi alrededor que vieron cuando cometí esa acción con mi celular, pues sentía la mirada de algunas personas como si yo fuera una persona maldita, sentía unas extrañas miradas.

Una vez cometido el acto, empecé a caminar en total estado de perdición. Decidí caminar sobre una calle, no tenía conocimiento adónde me llevaría esa calle, sin embargo, seguí caminando, inmediatamente supe que no era el camino correcto, la calle no la concía, era muy estrecha y no había banqueta, por un momento se me hizo familiar a algunas de las calles del pueblo de Santa Fe o de Santa Úrsula Coapa, pero era obvio que no era ahí. Después de caminar de entre calles estrechas, salí hasta una avenida, encontré un teléfono público e intenté marcar a mi departamento para poder pedir a mi hermano que viniera por mí, pero la lógica me impedía marcar, algo sumamente extraño sucedió, parecía que el teléfono no quería que me comunicara, me fue imposible.

¿Llamar a mi padre? Jamás. Prefiero soportar mi propio infierno a tener que soportar sus insultos, su hartazgo, su odio y su forma de hacerme sentir miserable. Colgué el teléfono.

En la avenida había un hospital y encontré un señor al cual le dije que me indicara dónde estábamos, me dijo "Avenida Universidad, casi esquina Río Churubusco". Amigo, te juro mil veces he pasado por ahí, pero no sabía qué había ahí, no sabía nada, yo insistía que estábamos en el hospital 20 de noviembre, pero no. Me volvía a decir "Cerca de Viveros", pero no reaccionaba, no sabía qué pasaba. Le pedí ayuda. Me dijo que él trabajaba en el periódico Reforma, sobre Avenida Universidad cerca de Zapata, y que iría para allá, así que acepté en subirme a su Tsuru azul.

Eso me iba a ayudar a saber orientarme, pues una vez llegando ahí ya sabría que debería caminar rumbo al poniente para salir hasta Mixcoac y de ahí caminar hasta casa.

Durante el traslado iba lamentándome con el señor por mi comportamiento, y es que es la verdad, yo no suelo hacer ese tipo de cosas, esa situación en la que me encontraba había sido de manera totalmente involuntaria, yo buscaba pasarla potablemente.

Me dejó sobre esa avenida y busqué, nuevamente, la forma de recompensarlo por su ayuda con un poco del dinero que tenía. No me lo aceptó y comencé a desorientarme de nuevo ¿era en serio? ¿nuevamente no sabía dónde estaba el norte? Pero te lo juro, estar en esas condiciones es como ser una hormiga, caminas 10 pasos y estás reconsiderando si es el camino indicado.

Por alguna fortuita razón caminé con rumbo al norte y  el sonido de los autos me molestaba y perturbaba al grado de detenerme y analizar lo que realmente estaba escuchando, todo era más agudo.

Seguí caminando hasta que me di cuenta que de seguir así llegaría ahora sí a lugares peligrosos, así que me metí en Miguel Laurent y empecé a entender que así saldría cerca de casa.

Caminé con mi mano hinchada y con un dolor impresionante, sucio, cansado. Por algún momento pensaba en rendirme para dormir y escapar de esta pesadilla, ¿pero si me pasa algo? pensaba, así que seguía caminando buscando refugio. En el camino vi gente a quien casi entablaba conversación, pero ya sabía bien cómo llegar, eso no debía causarme mayor conflicto.

Después de una eternidad logré salir hasta Parque Hundido. Allí unas personas sexoservidoras buscaron acercarse a mí, yo solo me limité a saludar, por un momento iba a entrar propiamente al parque para huir, pero si esas personas tenían otras intenciones, ahí no era un lugar seguro, por lo que me reincorporé a la banqueta y vi cómo regresaban a su posición original. Tenían cuerpos de hombre.

Más orientado, pude seguir caminando y obviamente el servicio de bicicletas públicas estaba cerrado, así que esa idea no iba a progresar.

No tengo recuerdos de mi andar sino hasta unas cuadras antes de llegar a casa, donde de la nada llegó una patrulla con 3 policías quienes me revisaron absolutamente todo y también me cuestionaron de todo. Mi aspecto (cabe recordar que estaba completamente sucio), si tenía ID, si tenía alguna droga o arma, el estado de mi celular (tenía los restos de él). Revisaron la mochila y todo estaba en orden.

Después de muchos cuestionamientos y mucha plática, me soltaron, me dejaron ir porque les comenté que vivía a unas cuadras y que iba llegando de un concierto muy lejos el cual estaba muy lodoso el lugar.

A una cuadra de casa vi que la sala estaba encendida, así que para avisar que había llegado toqué el timbre, entré a la casa corriendo y cuando vi a mi hermano no pude hacer otra cosa más que derrumbarme, me desmoroné desintegrándome en cada  una  de las  partes que me componían. Había vivido una experiencia sumamente compleja.

Estaba devastado, fue muy difícil llegar a casa en esas condiciones, pude haber sido asaltado, golpeado, violado, no lo sé. Realmente el problema no fue la caminada ni lo que me encontré, fue la desesperación de no saber dónde estaba, de sentirme como atrapado dentro de una botella e intentar desplazarme a tal lugar. Fue una batalla de muchos yo al mismo tiempo, utilicé todos los recursos mentales que tenía a mi alcance para vencer a ese yo drogado, confundido, inestable, agotado y agitado, lleno de oscuridad. Al final lo hice esforzándome al máximo, concentrando todo mi esfuerzo para luchar y entender dónde estaba, y en el fondo estaba orgulloso de haberlo vencido.

Al día siguiente, el recuento de los daños se reducía al dolor de cabeza de mi vida, una esguince en mi mano derecha, ropa absolutamente sucia, un celular en pérdida total y una gran historia que contar.

Sin duda fue el concierto más difícil al que he ido.


martes, 9 de octubre de 2018

Grillo cartográfico

Como saben muchos de ustedes, a mí siempre me ha gustado los mapas (cartografía) y muchas cosas propias de la calle, los sistemas de transporte urbano, y demás...

Bueno, pues se me ocurrió la idea de comprar un mapa Guía Roji de tamaño MEGA JUMBO y marcar las calles, avenidas y todo, de los lugares que he recorrido.

Este proyecto nació porque en este año he ido a lugares nuevos de la ciudad y siempre que hablo con la gente sobre mi pasión en conocer ciudades digo que me siento como en esos juegos de Age of Empires donde los sitios por donde se ha recorrido se iluminan, ampliando cada vez más el mapa.

Algo así me siento con la ciudad. La verdad es que siempre he pensado que la conozco bien, sino es eso, pero sí he pasado por varios lugares.

Y para tener evidencia de eso, en ese mapa marcaré al mayor detalle posible las calles y avenidas que alguna vez en mi vida he pisado.

Quizá suene descabellado, pero la verdad es que cuando voy a un lugar nuevo, al día siguiente lo busco en el mapa o simplemente armo en mi mente el mapa para ubicarme dónde estoy, por lo que procuro tener una memoria buenísima para recordar esas calles.

Obviamente no puedo recordarlo todo o simplemente se me pueden pasar algunas cosas.

Así que por eso pido de su ayuda para que me orienten en saber si me faltó un lugar al que ustedes saben que he ido. Compartiré mis avances en redes sociales y tendrán todo el derecho de ayudarme a a completar el mapa.

Una labor titánica, pero lo haré. Lo prometo. Será tan relajador y reviviré momentos chidos de cuando pasé por tal lugar.

Creo que este año he revivido muchos recuerdos y no solamente quiero dejar las memorias en letras, sino en mapas (al menos aplica para lo vivido en esta ciudad), pues hace años cuando era niño recuerdo cuando vi un mapa de tamaño mural, era en la casa de un joven que vivía en satélite, fui a esa casa porque mi papá tenía un trabajo de plomería y el joven requería de sus servicio y me llevó como el pequeño mini ayudante (que la neta nada más me fui a hacer bien pendejo y ver su mapa que me dejó asombrado). Siempre me gustaron los mapas y conocer la ciudad, por eso este trabajo es un homenaje a todos los deseos e ilusiones de ese pequeño que se sentaba a leer el Guía Roji por HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOORAS.

Espero les guste la idea y puedan ustedes ayudarme a completar el mapa. Y anímense a hacer algo similar, si es que es de su agrado.

¡Los quiero!

miércoles, 19 de septiembre de 2018

19-S

La verdad no pude descansar bien hoy de pensar que se cumple un año del sismo del 19 de septiembre de 2017.

Infinidad de recuerdos venían a mi mente, sin duda ese y los días siguientes han sido de los más complicados que me han tocado vivir.

La crónica


Obviamente todo transcurría con normalidad, en el trabajo, sentado resolviendo mis pendientes en la oficina, ese día hicimos el simulacro y aunque generalmente tomo los simulacros con el debido respeto por la tragedia de 1985, ese en especial lo realicé con cierto humor pues un compañero había soltado un grito de pánico que la verdad fue exageradamente gracioso y mientras bajábamos no podía contener mi risa sobre eso, mi risa, como es sabido, no duró más de 2 horas...

Me volví a sentar y compartí en mis redes sociales una infografía muy particular donde mencionaba algunos datos que vinieron del terremoto de 1985: cantidad de trabajos perdidos, casas dañadas, muertos, etcétera, y comenté en esa publicación "Ojalá no tengamos que presenciar estos datos con nuestros ojos". Eso fue a las 12:10 p.m.

Pasó una hora y sentí un movimiento vibratorio en el suelo y yo, ingenuo, pensé que estaban haciendo algún tipo de labor debajo, o algo sucedía con mi silla, me reincorporé y la gente advirtió "está temblando", salimos caminando y el movimiento del suelo cambio de golpe, las lámparas se movieron y tuve el temor de que la puerta de vidrio se quebrara lesionando gente, cometimos el error de bajar las escaleras en pleno movimiento. ERROR FATAL, desconocíamos mucha información. Una compañera junto a mí lloraba histéricamente por la situación de sus hijos, y gritaba "¡MIS HIJOS, MIS HIJOS!", yo solamente la tomaba del hombro y procuraba calmarla. La situación se tornó complicada cuando, mientras bajábamos por las escaleras, por el movimiento del suelo, las luces se apagaron. Seguimos caminando hasta que logramos salir y seguimos el protocolo de seguridad.

Todos estábamos sumamente tensos preocupados por nuestros familiares y amigos.

Poco a poco llegaba información sobre la situación de la ciudad, la magnitud del sismo y los posibles daños.

Estuvimos en el punto de encuentro alrededor de 2 horas esperando las indicaciones del personal de protección civil hasta que, después de haber seguido todo un protocolo, me dejaron salir. Me dije a mí mismo "Gabriel, ten por seguro que será un caos llegar a casa, mejor mentalízate en que deberás llegar caminando". Y así fue, las vialidades estaban totalmente congestionadas, saturadas hasta el cansancio.

Caminé y recibí un mensaje de amigos y familiares preguntándome por mi estado, amigos de otras ciudades me preguntaban cómo había sucedido todo. Les expliqué que ciertamente el sismo en donde me encontraba no se había sentido verdaderamente fuerte debido al tipo de suelo en el cual me encuentro, además de que el edificio donde trabajo es sumamente seguro (pues fue construido por uno de los más grandes arquitectos que ha dado México. Teodoro González de León)

Caminé por paseo del pedregal hasta salir a Av. Revolución y ahí fue cuando me di cuenta por primera vez de la magnitud del sismo, por dos situaciones muy específicas.

  1. La calle, estaba totalmente congestionada por personas, inundada de gente caminando.
  2. Cuando llegué cerca de un negocio vi que tenía las noticias y en ese momento, en ese maldito momento fue cuando de verdad comprendí lo que había sucedido. Se había derrumbado el Soriana de Av. Taxqueña
El impacto de ver un lugar que yo había visitado en el pasado derrumbado por el sismo fue impresionante.

Posteriormente la conexión a internet se restableció y pude conocer otras situaciones similares. El multifamiliar de Tlalpan, El Colegio Rébsamen, Edificios en la colonia Roma, en Coapa, en fin, una gran cantidad.

Sobre Revolución hay un hospital cerca de Av. Barranca del Muerto, pues estaba atendiendo heridos en las calles, las camillas estaban en las calles debido al gran número de heridos y, posiblemente, fallecidos.

Llegué a mi casa a valorar la situación y vi muchos objetos tirados, los acomodé, una cantidad impresionante de ambulancias transitaban por periférico (que lo tengo a tres casas de distancia) a una velocidad impresionante y al ver los edificios derrumbados en la televisión entré en un estado de mucho coraje y dolor. Es decir, yo había ido a ese Soriana hace poco, yo había pensando en mudarme al multifamiliar de Tlalpan después de haber vivido en Santa Úrsula Coapa ¿Qué habría sucedido si me hubiera ido a ese lugar?, hace 3 días después del desfile militar por el día de la independencia yo había hecho un recorrido muy largo en mi bicicleta y había pasado en la esquina de Laredo y Ámsterdam, en ese 19 de septiembre, el edificio de esa esquina estaba en ruinas ¡Pero si yo lo 3 días antes! Ese 16 había sido un día bastante feliz, y pasar en bicicleta por ahí fue parte de ello. Hoy no queda nada.

Mucho coraje y dolor. Debía hacer algo al respecto en la medida de lo posible. Utilizar los recursos con los que cuento y tengo a la mano. Volteé a ver a mi bicicleta, mi vieja y gran amiga con quien he pasado grandes momentos.

Tenía entendido que las zonas de desastre estaban congestionadas de gente que había ayudado a remover los escombros y que buscaban más que nada otro tipo de ayuda, así que me dediqué a dar vueltas en mi bicicleta.

El día 20 fue el día más importante en bicicleta. Inicié mi recorrido llegando a Chapultepec pues ahí se había establecido un punto de encuentro para ciclistas que debían entregar víveres a ciertos puntos y fungir como comunicadores y enlazadores con algunos otros representantes en otras zonas de desastre.

La verdad no recuerdo bien el orden de dónde estuve y lo que logré, pero estuve en Chapultepec, Roma, El derrumbe de Petén y Zapata, el derrumbe cerca de Gabriel Mancera y el Eje 6 sur, Parque de los Venados, Ciudad Universitaria, Eugenia.

Fue impresionante, de verdad, cómo la gente que juntaba víveres me entregaba con los ojos vendados los víveres, abarrotando mi mochila, mi pequeño gran montacargas con cajas de alimentos y bebidas, y me apoyaba y me daba indicaciones para llegar a tal lugar para entregar. Y también cómo la gente me permitía el acceso a las zonas de derrumbe para entregar lo que me habían dado cerca de Amores y el eje 7 sur.

Afortunadamente pudimos enlazar varios puntos de desastre para que tuvieran comunicación entre ellos y en el caso del derrumbe de Zapata pude establecer contacto con un centro de víveres que le pudo distribuir una medicina que requerían urgentemente.

En el camino y andar en bicicleta se veían en las calles otros ciclistas, ansiosos por participar, con el espíritu de ayudar, me hice amigo de algunos de ellos, unos eran más jóvenes, otros mayores, los mayores contaban la famosa historia del terremoto del 85: la actual plaza de parque Delta antes era un estadio, pues ahí fue la morgue de la ciudad, ahí se apilaban los fallecidos. Los jóvenes activamente se organizaban y se repartían tareas.

Todo tipo de ciclistas podían venir y hasta cierto punto era conmovedor ir en grupo de 20 o 15 ciclistas yendo por las calles con víveres. Una experiencia sin igual.

Mi bicicleta llegó un punto en donde comenzó a fallar después de mucho recorrido y tuve que dejarla en casa, sin embargo, la ayuda no debía descansar.

Los días siguientes se llenaron de diferentes actividades, fuimos a Ticomán a entregar herramientas y medicinas, fui a la UVM de Lomas Verdes para apoyar en llenar un camión de víveres que se dirigía a Morelos, realizamos donaciones y distribuíamos información.

Sin duda fueron días difíciles, pero el ver cómo la gente apoyaba era formidable. Ver cómo la gente, dentro de sus posibilidades, apoyaba, cómo los médicos resolvían problemas, cómo los ingenieros ayudaban en la dictaminación de las casas y edificios, cómo los restaurantes ofrecían comida a los voluntarios, cómo los hoteles ofrecía refugio temporal a los afectados, cómo la gente enviaba comida a los voluntarios que removían escombros.

¡CARAJO! Ese es pinche país chingón del que me sentía orgulloso 3 días antes cuando fui al desfile. Esa es la gente que ayuda al otro sin ver su condición social, económica, política, religiosa o de cualquier índole.

Era un orgullo ver en el metro a la gente sucia, cansada de haber ayudado, y a los otros que apenas iban a ayudar y los que iban a entregar herramientas, alimentos, bebidas, ropa o medicinas. Ver a la perrita Frida y a los binomios caninos en la operación de búsqueda y rescate.

Pero también era doloroso ver porqué sucedían este tipo de tragedias, ver que muchos de los edificios que se cayeron fueron producto de la corrupción de los gobernantes por ofrecer a una constructora o inmobiliaria el "derecho" de seguir construyendo en la ciudad sin haber analizado el impacto que pueda generar dicha construcción. Y era doloroso ver cómo los políticos se colgaban de la tragedia para las elecciones y cómo otros robaban los víveres como sucedió en Morelos.

Si no van a ayudar, entonces que no estorben.

Sin duda esos fueron días difíciles, uno se acostaba y pensaba en que los planes que uno pudiera haber tenido para ese 19 de septiembre se desmoronaron, se fueron al carajo. Un evento de menos de 2 minutos vino a cambiar por completo el día de millones de mexicanos.

No consideramos que los días siguientes estarían marcados por ayuda nacional e internacional para la reconstrucción y el apoyo de búsqueda y rescate de personas atrapadas, así como de garantizar su salud.

Todos vivíamos con la sorpresa ¿de verdad habíamos vivido un sismo importante 32 años exactos después del terremoto más devastador de la historia moderna de México? ¿de verdad el año siguiente vamos a recordar dos terremotos? De por sí pensar en 19 de septiembre de 1985 era impactante, ahora pensar que se repetía lo mismo 32 años después ¿Cómo se lo vamos a explicar a las próximas generaciones? ¿Cómo les diremos que vivimos un sismo con una probabilidad de ocurrencia en ese día sumamente y exageradamente baja?

Si uno tenía algo qué hacer para ese día, el temblor lo vino a cambiar absolutamente todo...

Es por eso que no pude dormir tranquilo hoy, de recordar que todo iba bien aquel día, y terminó sumamente mal, trágico.

Pero es como siempre he pensado, a nosotros no nos queda de otra más que echarnos la mano entre todos.

#FuerzaMéxico