martes, 20 de octubre de 2015

Convivencia un poco incómoda

Todo buen ciudadano que se respeta y se hace respetar (ojo, aplica para todo aquel buen personaje habitante de una ciudad, si usted habita en una localidad o algún otro lugar que no sea considerado propiamente como ciudad y donde existe algo llamado "respeto", "cortesía", "consideración", "convivencia con el prójimo" o inclusive donde la noción misma de "prójimo" o "el otro/los otros" existe dentro del imaginario colectivo se su localidad y no caiga en el valemadrismo, entonces este post no es para usted, porque lo que sigue quizá le parezca tan raro, nuevo y hasta extraordinario como si estuviera haciendo contacto extraterrestre. No dude tampoco que un ciudadano estando en su localidad le parecerá igual de raro visitar tan utópica región donde usted se encuentra... Pinche paréntesis) alguna vez se habrá topado con alguna de las siguientes situaciones que ocurren en los diferentes medios de transporte de dicha ciudad. Pero... ¿qué se debe hacer cuando uno se encuentra en tan familiares situaciones? Es por eso que este post pretende ser una guía para el buen ciudadano que viaja en transporte público muy constantemente (como lo hace el autor de esta chingadera). Empecemos.

Situación número 1. Bebé a bordo.


Estás en una estación de metro/tren, en tu ciudad llueve a cántaros, sabes que cuando llueve se hace un tráfico y siempre te haces la misma filosófica pregunta "¿por qué pitos cuando llueve parece que los coches se convierten en estúpidos y se hace más tráfico?" Y la gente, bueno, esa parece que se reproduce con el agua como los gremlin y la estación donde te encuentras se satura, hay toda una horda de personas esperando entrar, los códigos de cortesía de los que para ti son tan sólo una leyenda urbana, una leyenda que se escucha entre voces por los túneles de le red del metro/tren de tu ciudad, se desvirtúan todavía más y la gente que espera salir no puede porque están lidiando contra la gente que empuja por entrar. Una suma de fuerzas.
Se escuchan gritos, mentadas de madres, un pervertido aprovecha la situación para manosear a una inocente jovensita. Toda clase de gritos suceden, hasta que escuchas: "¡No empujen, hay un bebé!"
Evidentemente lo grita la madre de dicha cría en cuestión, no puede ser de otra forma.
¿cuál será la mejor respuesta? Todo dependerá de tu actitud.
A) Si eres de los que tienen poca paciencia y tenías mucho tiempo esperando por el tren, quizá lo mejor sería decirle "Señora, no me importa si hay bebé a bordo, lo que me importa es entrar, el bebé ya está adentro". Naturalmente te ganarías el título de "hijo de puta" del día, pero te importa más entrar, ¿no? También dependerá de cuán sincero quieres mostrarte
B) No veo otra opción más que seguir empujando para entrar, pero sin decir nada. ¡seamos honestos! Cuando quieres entrar no importa otra cosa. ¿pobre bebé? Sí, pobresito. Pero hasta ese momento, nadie le ha cedido el asiento y uno quiere entrar. Y cuando uno quiere entrar y ve que en la mera puerta de metro/tren está una señora con su bebé y toda la masa enardecida también está desesperada, uno jamás piensa (ni mucho menos dice) "mierda, hay un bebé, no voy a entrar para no lastimarlo" quizá sí se intente entrar con delicadeza, pero repito, la masa está enardecida. ¿cómo lidiar con eso? ¿haciendo un vagón exclusivo para madres con sus bebés? Seguro se llenan también y quizá habrían más heridos que conviviendo con el resto. Las madres de ahora... quizá sería como poner varios peces beta en la misma pecera.

Situación número 2. Chocar carritos contra tu propia voluntad.


El transporte logra avanzar, invariablemente si es metro, tren, autobús, etcétera. La gente se mueve armónicamente al ritmo de los frenos, topes y giros que el precavido y servicial chofer da en la unidad por la que pagaste X cantidad de dinero de tarifa (misma cantidad que podría tener de precio tu vida por las razones anteriormente dichas).
Un hombre viene cansado de trabajar, agotado y con ganas de llegar a casa, gritar que ya llegó, quitarse la gorra, saludar a su familia, descansar y comer. Delante de él, una señora que viene de trabajar, agotada, con ganas de llegar a su casa, quitarse esos zapatos que torturan, descansar los pies, saludar a su familia y comer como Dios manda.
El transporte da un giro de súbito y toda la tranquilidad se ve interrumpida, los sueños de todos los pasajeros se ven inconclusos porque sus vidas se vieron en riesgo por tan tremendo giro de este chofer temerario. El señor se recargó sobre la parte trasera de la señora y ésta sintió su miembro en su trasero. Le da una cachetada.
- Maldito puerco.
El tiempo se detiene. El hombre tiene las siguientes opciones:
A) Hacerle entender que fue un accidente bajo el argumento de lo que sucedió.
B) Disculparse, que bajo las condiciones por las que sucedió el choque automovilístico, no debería. Fue sin la intención.
C) "Ve mi cara ¿crees que lo estoy disfrutando?" Funcionaría para cualquier persona en cualquier transporte en cualquier día, resumiría todo lo anterior.
Tal y como todas las situaciones que se mostrarán aquí, no pretenden mostrar ni lo peor ni lo mejor de las personas, ¿a qué me refiero con eso? de que cuando sucede un arrimón no siempre es un acto de malintencionalidad injustificada. No. No siempre es un accidente, lamentablemente hay mujeres que sufren más de eso que algunas otras. Recuerda que en tu ciudad siempre existe la posibilidad de que haya gente maldita dispuesta a sacar provecho con tu persona. Siempre.

Situación número 3. ¡Cabrón! ¡¿crees que llevas animales?!

Antes de empezar, hagamos algo que le gusta mucho a hacer a este autor. Poner a duda la doble moral y dividir a la gente para que nos terminemos matando entre nosotros. Filosofemos sobre esta situación tan conocida por todos.
Resulta que después de toda la experiencia metacultural en el metro o tren, logras subirte a un transporte en 4 ruedas. Dispuesto a llegar a casa, la escuela o sea cual fuere tu destino, vas en un transporte motorizado y a 4 ruedas con un chofer dispuesto a traerte la experiencia más real en carreras citadinas inspirada por las películas de peor gusto que puedan existir (Sí, fans de Rápidos y Furiosos, les hablo a ustedes y sus películas horribles) más las más recientes versiones de Mad Max. Es entonces cuando a la luz de los neones que sombrean el interior del transporte y en la mezcla que se genera junto con las canciones de los Ángeles Azules se escucha un grito de una señora mayor a las 3 décadas que dice:

"¡Cabróooon! ¿¡Crees que llevas pinches animales!?"

Tu persona se centra en la semántica de dicho enunciado y, bajo las siguientes premisas o silogismos, desmenuzas su significado.

1. El transporte va muy rápido
2. La señora se enoja porque no lleva animales este transporte, lleva personas
3. Conclusión. Los animales tienen el derecho de ir hechos la chingada (bueno, el chofer que los lleva) ¿?

Es cuando te preguntas si seguramente los camiones de Bachoco están tuneados con Óxido nitroso, mofles de 4 pulgadas, luces de neón bajo las salpicaderas, etcétera...

¿No se supone que el pensamiento filosófico contemporáneo, sustentable, amigable con el ambiente y Coelhista de los salvadores/hipsters de la Condesa nos dice que los animales también tienen derechos y que por eso no son ni más ni menos que nosotros? Por algo ya no son "mascotas" sino "animales de compañía", dicen...

Entonces, aquí hay de dos sopas. Uno, o les bajamos la velocidad a los animales (Pues, oye. Yo también quiero sentirme como el Toretto), o nos echamos una carrerita para ver si la supremacía automovilística respeta el orden superior del ser humano en la cadena alimenticia...

Le recomiendo, fiel lector, que si usted grita esas chingaderas, cálleme la boca corrigiéndome en si ellos o no tienen "derechos", o en su caso, absténgase.

Ahora... después de haber recorrido media ruta pensando en pura chingadera como la anterior, regresas de ese estado de animación suspendida y te encuentras con la pregunta de cada una de las situaciones anteriores. ¿Qué debo hacer o decir ante una situación así? ¿Seguirle el juego? ¿Callarla? ¿No decir nada? he aquí un pequeño abanico de ideas.

A) No decir nada, ¿te importa seguirle un juego a una señora así?
B) No decir nada, ¿te importa seguirle un juego a una señora así?
C) No decir nada, ¿te importa seguirle un juego a una señora así?
D) Allá tú...

Básicamente no le seguiría un juego a una persona (sea quien fuere). No. Y no lo recomiendo.

Situación número 4. La famosa doble fila.


Todos (quienes hemos utilizado un autobús) hemos alucinado con la mística "doble fila" de la que habla el chofer cuando quiere jugar tetris dentro de su unidad, todos. Siempre sucede cuando (lo curioso de todo es que se pueden juntar todas las situaciones anteriores, es casi como un requisito que se cumplan) la unidad se llena de personas y cuando el chofer quiere que quepan más y más personas, voltea y recurre a su grito sutil:

"Na'más sí se recorren en doble fila, de favor."


Igual que la situación anterior, en esta no acudiría a alguna práctica. Pero para ilustrar algún escenario para defenderte, estas son con las que este navegante se ha encontrado.

Decir:

- Hambriado (o hambreado)
- ¿Encima de quién?
- ¡'Ámonos ya!
- (simplemente) Pues si ya no cabemos


Yo recomendaría que en caso de que se junten alguna de las situaciones anteriores, (si usted es de esas personas que no tiene miedo de gritar y hacer panchos en el transporte) recurra a la queja de mal servicio que está dando el chofer y que todavía esa persona quiere llevar más ¿qué clase de imbécil da un servicio de la mierda y se aferra a cargar más personas? Lo mejor siempre es no moverse, que se frieguen si dan el servicio que se merece uno.

En fin, son un sinnúmero de situaciones que uno como habitante de una gran ciudad debe soportar. No quiero atormentarlos y pensar en que mañana ustedes deberán soportar eso, ya que siempre uno se debe encontrar con muchas cosas; como una gorda que ocupa un espacio y medio y tener que lidiar con ella (para que, al final, ella se sienta la ofendida), una gorda que no deja pasar en el pasillo, un gordo que vaya comiendo en el transporte y se escuchen sus "Crash, crash" de sus papitas y su "Aaaaaag" de su sorbo de su refresco, o pubertos que sienten que son lo más cool del mundo y que sus pláticas húmedas nos importan a todos, o el grupo de chavitas escandalosas. Etcétera.

Pero no todo es tan malo, amigos. Todo puede compensarse con una canción que pueda cantar un imitador al haberse subido al transporte :)
O con una persona que no veías desde hace mucho tiempo y te dio gusto haberlo encontrado :)
O simplemente filosofar cuando vas en la ventana del camión y que cuando bajas te dices

Amigo, si hubieras querido, habrías podido escribir tu tesis en el transporte.

¡Cuántos paradigmas no has de haber roto mientras pensabas en el transporte!
Hay muchas veces cuando viajar en transporte es divertido, por eso es mejor intentar convivir con toda esa basura de gente (y no para ser una basura más), sino para conocernos más a nosotros mismos, para entender que somos diferentes, y que, aunque esta ciudad está llena de mucha gente maldita, también hay gente que vale la pena y con quien puedes platicar. Lo curioso es que siempre sale más a flote la gente mierda que la gente buena.
También es divertido siempre viajar en masa, porque cuando algo sucede (como en la espera eterna del metro), el entrar se convierte en un campo de batalla. Aunque me parece más la analogía de la escena de la liberación de los atunes en "Buscando a Nemo" (nadaremos.. eeehhh). Eso está chido. Es más, les dejo un video, es toda una experiencia porque de verdad toda la gente grita.


Y esta es la escena de la película


Debo admitir que el video de la gente en el metro me estresa un poco, pero eso sólo se puede explicar bajo las siguientes condiciones:

1. Es Pantitlán y ese lugar está bien culero
2. La gente que va a Pantitlán vive en la parte oriente de la ciudad y no es por menospreciarlo, pero de verdad el oriente de la ciudad no tiene mucho que ofrecer (y digo "no mucho" porque... de las pocas veces que he ido no he encontrado NADA, y por eso no quiero confirmar que, en efecto no hay nada interesante haciendo un viaje de exploración, no señor). De Pantitlán hacia toda esa parte del Estado de México es como un camino de perdición del que posiblemente no regreses vivo (o al menos... con tu celular y tu cartera)

Bajo otras condiciones, la situación sería divertida.

Si usted vive en una zona del oriente de la ciudad, no se enoje... sabe que es verdad. ¿o me va a decir que la Cabeza de Juárez es un ícono capitalino?

lunes, 5 de octubre de 2015

Lunes por la mañana en el lugar de los dueños de los coyotes

Es el día del décimo mes del mejor año que (hasta ahora) he tenido y todo transcurre con la normalidad de este lugar. Es el mes de las cosas chingonas, el mes donde cada año se repiten cosas novedosas, interesantes y muy satisfactorias, el mejor mes para dar la bienvenida a gente nueva y para mandar al carajo a otras.

Lunes por la mañana en el lugar de los dueños de los Coyotes. Salgo a junto donde hay masa y sólo me toma 5 minutos para llegar a la calzada de la tierra firme. Es octubre otra vez.

Y me siento bien porque es ahora cuando recuerdo que las buenas cosas suceden en octubre, pero siempre es lo mismo con este mes; quizá, y sin darme cuenta, sea una trampa de mi percepción. Curiosamente las cosas buenas de octubre se tornan contraproducentes en meses posteriores (principalmente el mes de diciembre). Pero en fin, este año debe ser diferente, será diferente.

Estaba en lo de la calzada de la tierra firme... Sí, el camino no es muy complicado para llegar al lugar de las flores de agua, sólo debo tomar una sola vía, de ahí, la cuestión es tomar dirección sur hacia desde donde hay espinas grandes (es importante no llegar a la tierra aplanada). Llegando ahí veo que, a pesar de ser el mes de las cosas chingonas, el coloso donde el mundo volteó en 1986 a ver los astros (o más bien EL astro) parece no sentir el efecto ¿A caso le es indiferente? ¿No se da cuenta que ya llegó octubre? ¿Soy el único que se siente bien de que llegue octubre sin ser el mes de mi cumpleaños? En fin... Posteriomente debo ir en dirección poniente hacia el lugar de variados colores, eso, sin necesidad de llegar a los sembradíos de flores, sigo toda la ruta periférica con vista hacia el ombligo y veo cómo me acerco cada vez más hasta que sólo es cuestión de dar una vuelta y me encuentro en mi objetivo. Comienza oficialmente mi día.

Mientras llevo a cabo mi día, reparo en la importancia de octubre, pero no solamente eso, sino que he pasado por el día más importante de octubre; quizá la rutina, la ingenuidad o alguna otra distracción es lo que me está llevando a otro pensamiento y haciéndome olvidar de las cosas buenas.

Es por eso que ahora te escribo esto agradeciendo esa mentada de madre que me llevé cuando me respondieron:

"Pues haz el tuyo, cabrón"

Lunes por la tarde en el lugar de los dueños de los Coyotes y este blog.

jueves, 18 de junio de 2015

Esto no es un post

A diferencia del otro, ésto no lo es. Ni siquiera pretende ser una representación hacia el orden natural de las cosas.

¿Puedes hacer uso de un escape sobre la subjetividad?

sábado, 13 de junio de 2015

El equipo imbatible

   Por primera vez acudía a subirme a un taxi y gritar con todas las fuerzas que mis venas resaltadas en mi garganta me daban.
-   ¡Siga ese maldito auto! -Dije mientras señalaba un auto compacto rojo
-   ¡A la orden, señor! -Exclamó fervientemente el buen conductor y salimos acelerados en su incómoda unidad.
   Tuve que hacer una llamada
-   Diana, encontré el tipo que abusó sexualmente de ti mientras dormías en tu departamento en Tacuba, ya sabe que lo estoy siguiendo, pero debes saberlo porque no sé cómo puede terminar esto ¿sabes a lo que me refiero, verdad, ingenua? Quiero decir; que si bien este tipo tenía mucho tiempo espiándote mientras te bañabas, no querría ni imaginar la cantidad de cosas oscuras que tenga bajo la manga ahora que sabe que lo estoy siguiendo, no sé si el tenga las suficientes agallas para matarme o para hacerme daño. Tambien debes saber que lo voy siguiendo por si no tienes noticias de mí y sepas que me involucré en esto.
-   ¿A caso hablas de mi ex-vecino y que entró quién sabe cómo a mi departamento?
-   Exactamente, yo creí que jamás volvería a verlo...
-   PERO QUÉ CLASE DE ESTÚPIDO ERES? -interrumpió- No me canso de decirte cada día lo tan pendejo que eres, ayyyy, no, no, no, no me digas esto, regresa por donde viniste, no tienes porque estar haciendo esto, sabes que eso ocurrió hace mucho tiempo y tu pendejada de decírmelo ahora sólo me hará iniciar las terapias de nuevo ¡JUSTO CUANDO ESTABA A PUNTO DE TERMINARLAS! No puedo creer lo tan pendejo que eres, en serio.
-   Pero, Diana... yo, yo creí que... olvídalo, no hay marcha atrás, perra desgraciada
-   ¡ESCÚCHAME DESGR...
   Colgué.
   No podía pasar un día sin encontrarme con un perra en el camino, en el transporte, en las tiendas, en mis sueños. Perras.
   Justamente íbamos recorriendo circuito interior a la altura del Casco de Santo Tomás cerca de Santa María la Ribera. El taxi iba a su máxima potencia dentro de sus posibilidades, pero este taxi es digno de un campeón, digno de un ganador, podríamos inclusive chocar el coche al costado del otro para detenerlo y acudir a los golpes y este auto seguiría intacto, tal y como sucede en esas historias chuscas que se escuchan cuando un conocido sufre un choque de mediana o baja magnitud donde quien pega no sufre daños en el auto. Claro que podíamos hacerlo de esta manera porque en este taxi estábamos dos campeones: yo y este chofer con camisa de tirantes blancos y manchas de grasa.
   La noche del domingo hacía que el tráfico fuera fluido y pudiéramos hacer desde Santa María la Ribera hasta Chapultepec en tan sólo 40 segundos, todo un récord de campeones. Y es que este maldito abusador iba en un compacto horrible, ¡JA!, ¡Vaya auto para perdedores! Claramente morderá nuestro polvo porque ahora este taxista y yo somos un equipo imbatible. LOS MEJORES.
   Los números del taxímetro subían estrepitosamente y podía sentir calambres en mi cartera, no importaba, había lo suficiente para poder cubrir esta emergencia así que seguimos por la misma dirección hasta toparnos con calles estrechas cerca de Tacubaya, la maldita Tacubaya, y así, doblamos a la izquierda (ya no sabía el nombre de las calles) luego a la derecha y seguimos por dos cuadras hasta que dimos vuelta a la derecha.
   - ¿Está conmigo en esto?
   - ¿Yo? ¿Pero qué clase de loco te crees? ¿No sabes el riesgo que corro con tan sólo traerte aquí? escuché tu conversación, y por lo que escuché, eres un hombre poco inteligente, ni siquiera pudiste comunicar la situación de la manera más adecuada
   - Creí que tenía pelotas, en ese caso me hubiera negado el acceso a su terribe unidad.
   - Mmmmh, (gruñido), no creo que sea la mejor opción acompañarte.
   - Será su mejor opción si sabe que le pagaré: 50% más de la tarifa y 100 pesos más.
   - Hecho. Vamos por ese bastardo.
   Y continúo velozmente hasta que el sospechoso bajó del compacto hecho un rayo dejando la puerta abierta mientras el auto esperaba ahí, y en ese momento, inmediatamente yo bajé del auto haciendo lo mismo, esperé a que se tratara de una lucha Choferes y Pasajeros. Corrí como pocas veces mis piernas me lo permitieron, pero a las siguientes dos cuadras había estado perdido en un parque (creo que era el Parque Lira), por suerte vi que el sospechoso se metía en un casa que tenía en la fachada un graffitti malhecho con color verde y café que decía "El mapi". Como era de esperarse, entré sin la menor duda de que algo malo podría sucederme en ese momento de decisiones tambaleantes, pero lo hice porque siempre he tenido la idea de que las personas más perversas son las más solitarias, ese tipo de personas que con tal de conseguir sexo pueden hacer las más terribles atrocidades, inclusive entrar en el departamento de una vecina, amordazarla y violarla hasta que se exprima la polla al ritmo de respiraciones enfermas. Ése era el chico que estaba siguiendo, mi chico. Por esa razón entré al edificio, porque si se trataba de una persona perversa significaba que era solitario y por lo tanto no tendría ningún tipo de secuaz esperando con un bate de béisbol justo detrás de una puerta, o con algo peor...
   Era una vecindad, tal y como en la que solía vivir Diana en aquellos días, entonces eso sólo podía significar que el parásito se trasladaba de vecindades en vecindades violando mujersitas y desapareciendo, me da asco.
   Las vecinas gritaban desesperadamente (pinches mujeres escandalosas y metiches), de hecho, un joven que aparentaba ser hijo de los dueños del lugar me mandó al suelo de un golpe al estilo Tacubaya, había perdido la batalla antes de iniciarla. Me mantuvó en el piso.
   - Suéltame, maldito bastardo, no tienes ni puta idea de porqué entré a este lugar de insectos. -Reclamé dando patadas al aire
   - Te nos largas de aquí, imbécil, no queremos forasteros como tú.
   - Estarías agradecido conmigo si entendieras que es mejor un forastero como yo que pusilánimes como... ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH! Hijo de la gran puta, que me sueltes -Apretó su mano contra mi cuello, un punto débil.
   Entonces me golpeó con su puño tantas veces fueron necesarias para haber sangre escurriendo de mi nariz.
   - Hay un violador que vive en este sitio sin que se den cuenta, y mucho menos lo harán si no saben quién es, y peor aún si no me sueltas, Mr. Danger, les estoy haciendo a todos ustedes el favor, MIRONES, en evitar de que se vayan a dar cuenta hasta que viole a una de sus habitantes (que con lo que pude ver, no tendría de dónde escoger).
   - Ya nos encargaremos de él pronto, sácate a chingar a tu madre.
   - ¡Tercos!, violó a una mujer que conozco, no sean malditos desgraciados.
   - ¿Y cómo lo enfrentarías si no puedes conmigo? -En cierto modo Mr. Danger tenía razón, pero cabía la posibilidad de que al violador lo pudiera enfrentar en condiciones más favorables, el chiste era descubrirlo, enfrentarlo-
   - Suéltame -me lo quité de encima-, puedo salir sólo de aquí.
   Salí de la vecindad y caminé a mi taxi, tenía que regresar.
   - ¿Qué pasó? Vienes todo golpeado -Dijo el taxista
   - Claro, me golpearon los de la vecindad de allá ¿te animas a regresar conmigo allá y hacerte ganar muy bien esos $100?
   - Yo digo que eres un terco, ya déjalo ir...
   - No, como-quiera-que-te-llames (ya no hablaba de usted), tenemos que agarrar a ese malviviente y meterle un palo de escoba por el culo. Oye, por cierto ¿qué pasó con el conductor del Compacto rojo?
   - Si te dijera que... -Nuestra erudita conversación fue suspendida por una serie de disparos de bala que dio directo en la ventana trasera del taxi, en la llanta trasera, ponchándola y en el espejo retrovisor, haciendo enfurecer al taxista. Fue una suerte que ese malnacido haya tenido tan mala puntería-
   - ¡Ese maldito hijo de perra! Le voy a meter un palo de escoba por el culo al tan desgraciado -Bajó inmediatamente de su taxi y lo seguí-
   Era evidentente que intentó matarme con ese disparo, pero una vez más él demostraba su debilidad ante las situaciones queriéndolo hacer cuando estaba platicando de espaldas y de pie con el taxista. Una vez más éramos el equipo imbatible, entramos a la vecindad.
   El valeroso vecino que me había dado una golpiza se había metido a su departamento lleno de adornos del Club América, las vecinas gritonas y chismosas habían metido a sus hijos a sus departamentos para su protección; ese tipo de personas inmediatamente llama a la policía en situaciones como ésta, pero aquí la policía no parecía ser bienvenida. Esta no era la situación favorable que había pensado en mi estancia en el suelo.
   - ¡Atrévete a entrar, maldito hijo de perra! Morirás apenas entres, el daño ya está hecho para la sabrosura de Diana, JA JA JA JA -la risa del gozador de carnes era tremendamente nerviosa y escalofriante, y es que esto ya no era como las películas, me sorprendía que en los casos que he visto con armas de fuego, el portador sale sin dudar a la acción si sabe que el contrario está desarmado, es casi un instinto. Y él no salía, quizá su mente retorcida quería hacer que todo fuera algo más interesante, algo digno de contarse. Y es que algo sucedía, se escuchaba cómo unos metales chocaban entre sí, POR SUPUESTO, o su arma estaba descargada, estaba trabada, tenía problemas con el seguro o estaba cargando un nuevo cartucho. Entré hecho un rayo-
   Al entrar vi que estaba sentado en una silla apuntándome, pero su seguridad no lo respaldaba, había algo malo en él. Entró el taxista.
   - ¡¡¡ERES TÚ!!! -Dijo.
   - ¿Lo conoces? -Le dije
   Corrió el taxista tan velozmente que le quitó el arma sin suceder disparo alguno, el misterio fue saber qué problema había con dicha arma
   - Con que a esto siempre te estuviste dedicando, maldito hijo de perra -el taxista lo tomó por el cuello-, no comprendo cómo es que te la has pasado viviendo de esta sucia y nefasta manera desde la última vez que te vi. Te tengo justamente como te quise agarrar en 1996 cuando me encerraste en el garage de mi casa, violaste a mi esposa y la mataste. ¿Sabes lo que ha sucedido después de eso? bien, quizá no lo sepas, pero después mi vida se vino abajo y perdí la posición socioeconómica, la reputación y el respeto que antes tenía, los planes de tener hijos se fueron como agua en la coladera, mi trabajo no pude soportarlo por la falta de capacidad de concentración, mi casa, bueno... esa es otra historia. Tuve que meterme a trabajar a un sitio de taxis y desde el 2000 estoy trabajando en ello, ganando 4 veces menos que antes y viviendo 20 veces más infeliz ¿qué te parece, pequeño hijo de perra? ¿te parece justo que mientras tu satisfacías tus bajos deseos sexuales, destruías las vidas de las demás personas?
   - Oye, yo no tengo la culpa que tu esposa tuviera un cu...
   - ¡CÁLLATE, IMBÉCIL! -Le dio solo un tremendo puñetazo con la otra mano que lo que me habían hecho podría haber quedado sin duda alguna en la categoría de amateur-básico-aficionado, la sangre brotaba y caía en la playera del bastardillo, el taxista lo seguía sosteniendo por el cuello, su enferma víctima ocupaba sus brazos para librarse del dolor que le provocaba la asfixia- ¡No sabes el dolor que provocaste en mi persona, imbécil, no te das cuenta del daño que provocaste dentro de mí, no puedes comprender lo difícil que es ver bajar a la tierra a la mujer a quien le juré amor eterno! Bueno, respira profundo... ssssssssss, fuuuuuu, sssssssss, fuuuuuuu, eso fue muy sentimental -y le propinó otro golpe con el cual el delincuente dejó caer la cabeza, el taxista aprovechó su inconciencia para darle los golpes necesarios para dejarlo terriblemente mal-
   - Oye, cálmate -mentí-
   Le dio tantos golpes que tiempo no tuvo el delincuente de recuperarse. Esto holía a sangre, dolor y muerte, por tanto, yo sabía que algunos de nosotros iba a morir, y no iba a ser quienes formaban parte del equipo imbatible, no señor. Continuó dándole tantos golpes que por su camisa de tirantes se veía cómo sus músculos trapecios se contraían y se alargaban a medida que continuaban los golpes, el sudor se hizo presente en su espalda, frente y pecho y la sangre del delincuente se hizo presente sólo en su camisa que terminaba haciendo una rara fusión con la grasa. De repente, un crujido. Sabrá la llanta ponchada del taxi qué habrá crujido dentro del cuarto, pero la espalda del taxista no fue, y entonces los golpes empezaron a disminuir en frecuencia, pero no en intensidad. Bastaron alrededor de 40 segundos más para que el taxista se sintiera satisfecho por que la cara de nuestro nuevo amigo ya no se distinguía por estar inundada de sangre ¿irreconocible? quién sabe ¿muerto? seguramente, sólo moví mi dorso para ver un poco el producto de la acción del taxista, éste se levantó lentamente con una respiración bestial y llegué a pensar que podría matarme porque creí que esto sería el rito de iniciación de un nuevo asesino serial y seguía yo. Se acercó a mí.
   - ¿Es en serio que hiciste eso por 50% más de la tarifa y $100? ¡Vaya que a ti sí te gustan las latas, como-quiera-que-te-llames! -Dije
   - ¡JA JA JA JA JA JA JA! -hizo una pausa para recuperarse de su exagerada risa- Llámame Fer y olvida ese dinero.
   - Muy bien, Fer, ahora tengo algo que decirte ¿Te diste cuenta que mientras disfrutabas golpear a este pobre imbécil, las vecinas gritonas y chismosas ya llamaron a la policía? seguramente esta viene para acá mientras nosotros seguimos aquí y tu llanta está ponchada. Estamos fritos.
   - ¿Y te das cuenta del tiempo que perdimos mientras me regañabas? ¡Vámonos!
   Bajamos las escaleras y caminamos por el pasillo hasta llegar a la calle, por muy raro que parecía, no había gente en las calles, por lo que salimos a toda velocidad en el taxi-llanta-ponchada y nos colocamos en el cruce de Av. Observatorio con Periférico, desde ahí tuvimos tiempo para orillarnos y para que él cambiara la llanta ponchada del auto.
   - Vaya que fue un buen plomazo el que le metió a mi coche, ¿no crees? ya está empezando a llover y no sé cómo reparar el problema de mi ventana.
   - Seguramente, Fer, la verdad es que este día fue muy bueno
   - Oye, ¿y qué vas a hacer con tu amiga? ¿O sí era tu amiga? -Lo dijo mientras cambiaba su llanta por la de repuesto.
   - Nuestra relación es algo que sólo nos imcumbe a nosotros dos, lo siento, no te ofendas.
   - No hay problema...
   - Pues no sé si le vaya a contar esto, quizá al fin y al cabo le mienta y le diga que todo fue una broma, a veces es demasiado estúpida, si te contara las mentiras tan inverosímiles que le dicho y se las ha tragado todas. Bueno, tú sabes que a veces las mujeres también se hacen las estúpidas para que en el momento menos indicado para uno ¡zaz! te tiendan una trampa. Mmmmm, ahora que lo pienso lo mejor será decírle que se me escapó el tipo.
   Sobre el puente en la noche los problemas son más frágiles. Las patrullas pasaban a toda velocidad sobre el asfalto mojado por la lluvia que estaba gestándose y la luz de éstas coloreaba nuestros rostros que yacían sobre aquel puente.
   - Mira, allá van, seguramente van a la vecindad de nuestro amigo -Dijo Fernando despectivamente
   - ¡Mierda!
   - ¿Qué pasa? -Fernando lo dijo muy agitadamente mientras volteaba a verme
   - ¡Olvidamos meterle el palo de escoba en el culo!
   - ¡MIERDA! -Gritó el equipo imbatible.